De visita en la Ciudad de México, la actriz y productora Olga Segura nos concedió una entrevista para hablar de su papel en González, película dirigida por el debutante Christian Díaz Pardo y en la cual comparte créditos con Harold Torres y Carlos Bardem.

González es una película incómoda que no va a pasar inadvertida, o por lo menos no en ciertos círculos religiosos que han encontrado la manera de timar al prójimo en el nombre de Dios. Ésta es la historia de González (Harold Torres), un mexicano de clase media baja, endeudado hasta el copete, y que se la ve bastante dura para sobrevivir y mantener a su madre. Así que, víctima de la desesperación, acepta un cargo como operador en el call center de un templo cristiano, lugar donde conoce a Betsabé (Olga Segura) y el cual encabeza el pastor Elías (Carlos Bardem), encargado de que el templo funcione como una máquina para sacar dinero a sus feligreses a costa de sus creencias.

¿Cómo te involucraste en el proyecto?
Conocí a Harold Torres en una serie de televisión que hicimos juntos llamada El encanto del águila, con la directora Mafer Suárez y producida por Pedro Torres, de Televisa, y desde entonces hicimos muy buena amistad y mancuerna. Tiempo después nos encontramos y me dijo: “Oye, estuve pensando en ti para un proyecto que se llama González. Somos tres actores y quiero que tú seas la mujer, que se llama Betsabé”. Y le respondí: “Mira, para empezar, si tú me lo estás pidiendo, ni siquiera tengo que leer el guion”, porque para mí Harold Torres es uno de los mejores actores mexicanos hoy en día. Desde que lo vi en Norteado me pareció un actorazo.

Entonces, ¿Harold Torres te buscó directamente para ofrecerte el papel?
Sí, él me busco primero. Pero Christian Díaz Pardo, que es el director de la película, estaba al tanto de la situación y sabía perfectamente que Harold me iba a ofrecer el papel, porque Harold y su novia son los productores de la película junto con Christian. Así que todos estaban de acuerdo en que yo fuera Betsabé, y también en que el pastor Elías fuera Carlos Bardem.

¿En qué momento leíste el guion?
No, bueno, a los dos días leí el guion y le hablé a Harrold para decirle que ni se le ocurriera darle el papel a nadie, porque yo quería hacerlo. Mira, hasta me pongo chinita, porque fue un proyecto bien padre. Lo disfruté mucho. Oye, trabajar con estos dos grandes actores es un lujo.

¿Y luego qué siguió?
Primero hicimos un corto para mostrar el proyecto y conseguir financiamiento. Ese mismo corto fue el que le mostraron a Carlos Bardem para que le entrara.

¿Cómo te preparaste para este papel?
Primero tuve varias pláticas con Christian, el director, y luego me infiltré en los templos, ya sabes, disfrazada y toda la cosa. Tuve que hacerlo porque la verdad no sabía casi nada de cómo funcionan estas religiones. Vivimos en esta ciudad tan grande, con tantos millones de habitantes, y de repente no nos damos cuenta de la existencia de estos lugares donde engañan a la gente y abusan de su fe.

¿Cómo te infiltraste?
Christian me dijo dónde se ubicaban los templos y me pidió que tuviera mucho cuidado, que me fuera de incógnita, no como Olga Segura, porque hay cámaras, vigilantes, guaruras y todo eso. De hecho, la idea original de la película parte de un proyecto documental que estaba levantando una chica del Centro de Capacitación Cinematográfica y que no se hizo porque se sintieron amenazados por esta gente. De ahí fue que Christian decidió hacer una película de ficción sobre el tema.

Platícanos más de tu experiencia como infiltrada en estos templos.
Primero fui a uno que está en avenida Revolución, en Tacubaya, y fue algo muy fuerte. Estuve ahí varias veces, tenía que empaparme de lo que ahí sucede, porque yo represento en la película a la parte creyente, sabes, a la mujer devota que asiste a estos templos. Lo más fuerte que vi fue una escena en la que está el pastor ante una cantidad enorme de gente y de pronto dice: “¿Quién va a grabar su voz?”. Yo no entendía nada, como que “¿quién va a grabar su voz?” Luego vi que todos se empezaron a formar para subir al escenario, y le llamo escenario porque es como un show y el pastor es como un actor, pero justo antes de formarse tenían que entregar un sobre. Yo no entendía nada, la verdad. Le pregunté a una señora que se quedó sentada: “¿Oiga, usted no va a pasar?”. Y me respondió: “No señorita, lo que pasa es que no pude juntar los mil cien pesos”. Ahí me di cuenta de que, cuando la gente pasa con el pastor éste les pone el micrófono y graban una petición que supuestamente mandan a Jerusalén, según esto, claro, pero antes tienes que darles un sobre con mil cien pesos. La gente se forma, luego el pastor les pasa el micrófono para hacer la petición, que ni siquiera la graban, y les sacan dinero por hacer eso. Un show, un engaño terrible.

¿Y cómo te apropiaste de esta realidad para luego interpretarla en tu personaje?
En estos casos, los actores necesitamos entender a quién vamos a interpretar. Tenemos que ponernos en sus zapatos. Saber de dónde vienen, por qué están ahí, cuáles son sus necesidades. Tienes que entenderlos.

¿Y tú qué entendiste de esta gente?
Están ahí por ignorancia, por falta de educación, por la desesperación ante los problemas económicos, de alcoholismo, drogas, por tanta necesidad. ¿Y qué hacen estas personas? Van a un lugar donde se sienten arropados y escuchados. Hay un sentido de pertenencia. Por eso llegan a los templos, porque están necesitados, y los pastores se aprovechan de esto para lucrar con la fe y las creencias de la gente.

¿Nos podías definir a tu personaje y su rol en la película?
Betsabé representa el mundo creyente, el mundo de la fe. Es esta jovencita que no rompe ni un plato, bien adoctrinada por la religión, pero al mismo tiempo también quiere salir de ese mundo, sabes, escapar de esa burbuja. También es el conducto para que el personaje de Harold Torres, es decir, González, se involucre con el mundo religioso. Mi personaje es, de algún modo, la encarnación del amor que busca González.

¿Por qué es importante que la gente vea González?
Porque es importante que se sepa lo que realmente pasa en estos templos. Una de las razones primordiales por las que entré a este proyecto es porque necesitamos crear conciencia de lo que está pasando.

¿Crees en el cine como un vehículo de transformación social?
Sí, por supuesto. De hecho, tengo el propósito de hacer mínimo, como productora y actriz, una película al año que provoque o cree conciencia social. Tengo en puerta un proyecto que me entusiasma mucho que tiene que ver con los derechos humanos.